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Alvaro Pascual Leone, Neuroleg

el programa Singulars del canal 33 convida al neuroleg de Harvard que treballa amb l’estimulació mangnetica transcraneal

El prestigiós catedràtic de Neurologia de Harvard és el primer convidat de la nova temporada del programa. És també director del Centre per a l’Estímul no Invasor del Cervell de Boston. Aquest investigador valencià de 48 anys és impulsor de la tècnica d’estimulació magnètica transcranial, capaç de canviar comportaments. És la realitat la que veiem amb els ulls, o bé és la que veiem amb el cervell? Què ens fa ser el que som? Pascual-Leone respon a aquestes i altres preguntes.
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la fertilitat per més endavant..

entrevista a Bonaventura Coroleu, publicada a el periodico el 8 de setembre de 2009

–Cada vez hay más personas infértiles, con dificultad para tener hijos.
–Sí. Un 20% de la población española de 20 a 40 años, hombres y mujeres, tienen problemas de fertilidad, por motivos distintos en uno y otro sexo. Cuatro veces más que hace 25 años.F072D155LH01

–¿Por qué se ha empeorado tanto?
–En el caso de los hombres, por la pérdida de calidad del esperma, que se atribuye a la contaminación ambiental que respiramos. Esto no solo afecta a la vida sexual de los adultos, sino también a su etapa fetal.

–¿Se inicia en la gestación?
–Sus madres, durante el embarazo, estuvieron en contacto con tóxicos que afectaron al desarrollo de los testículos del feto y alteraron su futura producción espermática. En las zonas más industrializadas de España los hombres tienen peor semen.

–¿Las mujeres que pasan su embarazo en una zona rural tienen hijos con mejor calidad de esperma?
–Así es. Un reciente estudio demostró que los hombres nacidos en Catalunya tienen menos cantidad de espermatozoides, y de peor calidad, que los de Galicia o León. Y la única explicación que se dio a esto es la distinta concentración de tóxicos ambientales de ambas zonas.

–¿Cuánto peor era ese esperma?
–La OMS considera normal u óptimo el semen que contiene, como mínimo, 20 millones de espermatozoides por mililitro de líquido espermático. Los catalanes con problemas de fertilidad tienen menos de ocho millones. Y, además, se mueven mal.

–¿Cómo deberían moverse?
–En línea recta y a gran velocidad, para atravesar sin titubeos la membrana del óvulo y fecundarlo.

–¿Y la infertilidad de las mujeres?
–Aquí, el problema es el retraso de la edad en que deciden ser madres. Hace 40 años, la media de edad de las embarazadas era a los 23 años. Ahora, la mayoría lo intenta pasados los 35, cuando fisiológicamente se han reducido de forma radical las posibilidades de lograr una gestación.

–Es mucho más difícil.
–Hay que tener presente que el ser humano, espontáneamente, no tiene una fertilidad muy elevada. Una mujer de 21 a 25 años, sin ningún problema de esterilidad y con una pareja de su edad dotada de esperma óptimo, tiene cada mes un 17% de posibilidades de quedar embarazada. Esa es la fertilidad máxima. Si esa mujer tiene 40 años, las probabilidades de embarazo no pasan del 6%

–Cada vez tiene usted más trabajo.
–Claro. Nosotros, y las 170 clínicas de reproducción humana que hay en España. En el 2003, entre todas, hicimos unos 20.000 ciclos o intentos de embarazo. El año pasado fueron más de 80.000.

–¿Porqué ellas se deciden tarde?
–Muchísimas mujeres empiezan su carrera profesional en la edad óptima para ser madres, y no piensan en este tema hasta 10 años después.

–La estructura empresarial va en contra de la fisiología reproductiva.
–Totalmente. La Administración debería ser consciente de que las mujeres necesitan servicios que las ayuden en la época de máxima fertilidad: guarderías, horarios flexibles, excedencias subvencionadas… Es mejor actuar en los años adecuados para la maternidad que buscar soluciones científicas o técnicas cuando ya hay problemas de infertilidad.

–¿Conoce algún país que actúe así?
–Sí. Mi cuñada es austriaca y en estos momentos está embarazada. Después del parto, tendrá un periodo de maternidad magnífico, de más de nueve meses, y se podrá reincorporar al trabajo sin problemas. Hemos de conseguir ese tipo de ayudas.

–¿Cuántos de esos 80.000 ciclos hechos en el 2008 los solicitaron mujeres extranjeras?
–Un 20%. La mayoría vinieron de Italia, Alemania, Francia y Gran Bretaña, porque las leyes de reproducción humana de esos países son más restrictivas que la española. La ley alemana, por ejemplo, no permite hacer diagnóstico genético del embrión, para eliminarlo si tiene alteraciones. En Francia y Gran Bretaña la donación de óvulos y esperma es ilegal o está muy restringida.

–En España les resulta más fácil.
–Sí. Y además, se hacen las cosas bien. A mí no me gusta nada que se nos clasifique como un país de turismo reproductivo, porque no actuamos frívolamente. Ofrecemos un servicio a mujeres que no pueden obtenerlo en sus países por razones legales. De la misma forma que algunas españolas que han perdido el útero a causa de un cáncer han de ir a EEUU si quieren ser madres alquilando el cuerpo de otra mujer.

–¿Autorizaría aquí esa opción?
–Sí. En España debería ser legal el alquiler de útero. No es lógico que esté legalizada la donación de óvulos y esperma, pero no se permita que un embrión de la propia pareja se desarrolle en el útero de otra mujer. Tenemos estrategias legales capaces de asegurar que el contrato entre las dos partes sería riguroso y serio.

Entrevista a ANDREW HENDRY, Biólogo y experto en cambios medioambientales

“Hace 150 años, cuando Charles Darwin dio a conocer El origen de las especies, se empezó a construir el metro de Londres”, explica el biólogo Andrew Hendry. ¿Pero qué tienen que ver esos dos aniversarios? “Pues que una especie de mosquito normal, que vivía en la superficie, colonizó las obras del metro, se reprodujo en aislamiento en los túneles y se convirtió en una nueva especie que ya no es capaz de cruzarse con la de fuera, a la vez que Darwin presentaba su teoría de la evolución”. Hendry, 41 años, profesor de la Universidad McGill de Montreal (Canadá), investiga en ecoevolución las interacciones en la naturaleza entre la evolución y la ecología a corto plazo. “Los humanos provocamos cambios ambientales que influyen en la diversificación evolutiva”, resume. Él estudia salmones, aves específicas de las Galápagos y algunas especies más de peces, pero siempre con los cambios del medioambiente como referencia, incluido el climático. Recientemente ha estado en Madrid, invitado por la Obra Social de La Caixa, para dar una conferencia titulada ¿Puede la evolución salvar a las poblaciones y especies del cambio global?

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Pregunta. ¿Cómo reaccionan las especies a los cambios en el medioambiente?

Respuesta. Pueden desplazarse a lugares más apropiados para vivir, lo que no requiere ningún tipo de adaptación -y tenemos muchas pruebas de desplazamientos así durante cambios climáticos anteriores-. Pero en muchos casos hay barreras, como ríos o montañas o carreteras, los organismos no se pueden desplazar y tienen que intentar adaptarse in situ, donde están. Lo hacen de dos formas: una es la respuesta del individuo con cambios de comportamiento, morfológicos o fisiológicos, la llamada plasticidad. Por ejemplo, los animales, si hace más calor, pueden adelantar su época de cría; la otra es genética, es decir, el cambio en la población a lo largo del tiempo adaptándose mejor a las nuevas condiciones.

P. Puede haber muchas alteraciones, no sólo de clima.

R. Sí. Se habla mucho de calentamiento global pero hay muchas alteraciones medioambientales que obligan a las especies a reaccionar: contaminación, sobreexplotación humana, introducción de nuevas especies, destrucción de hábitats, etcétera. Incluso en el contexto de calentamiento no se trata sólo del aumento de la temperatura media, sino también de las precipitaciones o los fenómenos extremos… Otro factor es la interdependencia: si las flores florecen antes, los insectos también se adelantan y los pájaros que se alimentan de ellos crían antes.

P. ¿Se han detectado ya adaptaciones de organismos al cambio climático actual?

R. Sí, hay muchos ejemplos, pero es muy difícil saber si se trata de adaptaciones de la plasticidad o genéticas. De las segundas sólo hay algunos ejemplos demostrados. Por ejemplo, hay un pájaro que se alimenta de las semillas de las píceas, y como estos árboles las producen antes por el calentamiento, las aves han adelantado el tiempo de cría. Creo que en muchas especies se puede estar dando ya la adaptación de tipo genético, evolutivo, pero sólo en algunas, una media docena, se han podido demostrar.

P. ¿Pese al poco tiempo de cambio climático?

R. Puede haber cambio genético en una sola generación, depende de la especie.

P. ¿Hay patrones geográficos de adaptación?

R. El hemisferio Norte es más estacional y las especies también lo son. En los trópicos hay estación seca y húmeda, con gran variabilidad, por lo que muchos organismos son más flexibles en sus tiempos de reproducción, algo así como “si llueve, cría”. En el Norte, la luz y la temperatura son claves y si se produce un desajuste entre ambas la situación puede requerir cambios evolutivos. No hay que olvidar que el cambio climático es más intenso en el hemisferio Norte ni el hecho de que la mayoría de los biólogos trabaja en EE UU y Europa.

P. ¿Se ha podido demostrar la adaptación genética ante otras presiones?

R. Sí, por ejemplo en casos de explotación humana de las especies, pero sólo la puedes identificar a escala de poblaciones y con varias generaciones. En una zona de Alberta (Canadá) hay unos carneros de grandes cuernos que se cazaban preferentemente por eso mismo, por el tamaño, y con el tiempo los cuernos de la población se han reducido porque la probabilidad de sobrevivir es mayor con la genética de cuernos más pequeños. A menudo, la presión humana hace que la evolución seleccione rasgos menos útiles. Esto es muy típico en la pesca, con poblaciones que evolucionan a menor tamaño porque se pescan los más grandes.

P. ¿Se adaptan unas especies mejor que otras o todas pueden, en principio, adaptarse?

R. Sabemos que muchas especies evolucionan para adaptarse al cambio ambiental; lo que no sabemos es cuántas veces esa evolución permite a la especie persistir. En principio, los organismos con tiempos más cortos entre generaciones responden más rápidamente. También influye la variabilidad genética (cuanto mayor en una población, mejor preparada estará para adaptarse por evolución) y el mismo tamaño de la población. Pero también influyen otros factores, por ejemplo si las aves son residentes o migratorias. Las residentes se adaptan mejor al cambio climático que las migratorias.

P. ¿Cabe esperar alguna adaptación biológica de los humanos al cambio climático?

R. No creo que haya una respuesta adaptativa a corto plazo. Somos una especie de generaciones largas y, además, podemos protegernos del calentamiento, crear refugios.

P. ¿Es posible predecir cambios evolutivos o la biología no es aún una ciencia predictiva?

R. Las comunidades ecológicas, los ecosistemas, son muy complejos y es muy difícil predecir cómo actuará el cambio climático sobre un miembro de la comunidad sin comprender la repercusión en el resto. Es muy difícil decir que la adaptación va a salvar a esa población del cambio pero no a esa otra, o adelantar qué organismos van a perdurar y cuáles no. Creo que la biología es predictiva en un sentido amplio pero proyectar para una comunidad específica o una cantidad determinada de cambio es muy difícil.

P. ¿Cómo se han apañado las especies en el pasado para adaptarse?

R. Ha habido muchos cambios, pero lo específico ahora es que el calentamiento es muy rápido. En el pasado ha habido extinciones masivas debido a cambios climáticos, como las glaciaciones, pero han sido relativamente lentos y los organismos han tendido a desplazarse o a evolucionar en respuesta. Los pingüinos, por ejemplo, son increíblemente flexibles en su capacidad de adecuarse al medio: los hay en los hielos antárticos y en el Ecuador.

P. ¿Y el que no se adapta se extingue?

R. Ahora mismo hay extinción en masa, pero la responsabilidad del cambio climático no está clara, no creo que haya ningún ejemplo concluyente

Publicat a El Pais el 12 maig de 2009

La cultura Modifica els Gens

El metge nord-americà Nicholas Christakis parla del paper sobredimensionat dels gens, l’efecte del contagi social i la velocitat aclaparadora de l’evolució humana.

Professor, podem preguntar-vos com van els vostres pares?

—Mon pare té setanta anys i passa mig any a Creta i mig a Filadèlfia. Ma mare, per desgràcia, va morir a 47 anys. Els metges li van diagnosticar el 1968 la malaltia de Hodgkin, un tumor maligne del sistema limfàtic. Hi va lluitar durant vint anys, fins que va morir el 1987. Jo ara tinc 46 anys, i és molt interessant d’arribar a l’edat en què va morir un dels teus pares.

—Us preocupa sentir això que diuen molts metges, que caldria buscar-se els pares amb cura si volem viure més temps?

—La longevitat s’hereta només fins a un cert punt. Les últimes investigacions mostren que no és ni de bon tros predestinada genèticament.

—Aleshores, per què la genètica cerca els gens de la longevitat en la sang de persones centenàries?

—Ningú no dubta que hi ha famílies longeves. Però darrere d’aquestes investigacions, la quimera per una predeterminació genètica ens oculta que trobaríem, sens dubte, gens que ens confondrien sobre quants anys viuríem. Ací es reflecteix el somni ancestral de la humanitat: poder dominar la mort, si sabem quan hem de morir. La genètica és com una nova religió que pretén poder explicar-ho tot.

—Per què hi sou contrari?

—En un dels meus estudis favorits es va investigar la longevitat dels ancians en pobles de muntanya. Els científics també van visitar aquells pobles. En alguns, els bancals eren a la mateixa altitud que les cases. En uns altres, els bancals es trobaven dalt i baix del poble. La conclusió fou que els llauradors amb bancals a banda i banda vivien més temps que no els qui tenien les terres només a un costat, perquè estaven obligats a fer més esforç físic i recórrer més metres d’altitud. La longevitat d’aquells llauradors no la determinaven els gens, sinó l’entrenament físic.

—Aleshores, no anireu a fer-vos seqüenciar el genoma?

—[Riu] Si algun dia costara menys de 1.000 dòlars –i encara n’hauríem de parlar–, aleshores podria rumiar-m’ho, però tan sols per diversió. En cap cas no m’hi gastaria gaires diners, en això. Aquests negocis viuen sobretot de la quimera de la gent de poder canviar la vida si coneixem la seqüència genètica.

—Aleshores, per què el vostre col·lega George Church, genetista de la Harvard Medical School, ha fundat l’empresa Knome per a oferir la seqüenciació del genoma? El servei costa 350.000 dòlars i, segons Church, val això que costa.

—Què n’he de fer jo, aleshores, de determinades variacions genètiques en el meu genoma? Sembla absolutament clar que en el nostre temps de vida no ens trobarem en condicions de modificar el genoma humà. Podem moure’ns i menjar amb prevenció, podem dormir prou i rentar-nos les dents. També podem evitar els cigarrets i les drogues i no beure tant. Tot això és bo: no cal gastar-se 350.000 dòlars per a saber-ho!

—En una contribució vostra al British Medical Journal, afirmeu que la investigació genòmica i la genètica només produeixen bufes d’aire, que els resultats són inflats.

—No discutesc els progressos de la genètica. Però si realment volem comprendre què afecta la nostra salut, aleshores trobem que el 30% dels factors depenen dels nostres gens o de l’entorn en l’úter matern. No totes les afeccions congènites tenen una causa hereditària: si la mare passa fam durant l’embaràs, això té conseqüències per al xiquet tota la vida.

—Quins són els altres factors?

—El 15% tenen a veure amb les circumstàncies socials; per exemple si ens eduquem en hàbits poc saludables. En el 5% de casos, l’entorn afecta la nostra salut, com ara l’exposició a productes tòxics. En un 40% , però, la nostra salut depèn dels nostres hàbits: fumar o beure alcohol, menjar massa o malament. Només el 10% es deuen a una predisposició clínica.

—Això vol dir que hom pot fer més per la pròpia salut que no pas el millor metge?

—El nombre de malalts de patologies hereditàries és minúscul; però també ací trobem aquesta inflació de la predeterminació biològica. Hi ha metges i biòlegs que situen els gens al centre de tot i alimenten la il·lusió que, si algun dia arribem a controlar els gens, haurem trobat la font de l’eterna joventut.

—Qui és el pare d’aquesta visió?

—No ho sé. Però mireu el pressupost de R+D del servei de salut dels Estats Units: la major part de la dotació es destina als factors no genètics, com ara programes d’alimentació i esport. Ara, això no és el cas. També trobem un desequilibri entre les despeses sanitàries i les autèntiques causes de les malalties. Això és, senzillament, perquè la biologia és moda. A mi també m’arriben sovint comentaris com ara que no hauríem d’estudiar les conseqüències sanitàries de la pobresa, perquè no podem eradicar-la. Tanmateix, tampoc no podem reparar els gens, i en canvi destinem sumes astronòmiques a investigar-los.

—Quin mal hi ha a voler comprendre quina funció té cada gen?

—No cap, però sóc del parer que ens hem d’apartar de la fixació actual de desxifrar gens específics. Molt prompte coneixerem tots els 25.000 gens de l’ésser humà. Però, com funcionen entre si? Per a respondre aquesta qüestió ha aparegut un nou paradigma, que anomenem biologia de sistemes. I, així mateix, apareix en sociologia una disciplina que investiga les xarxes socials, és a dir, com col·laboren els éssers humans entre si per construir una societat. Ja siguen gens o bé persones, es tracta de saber com unitats petites arriben a compondre unitats grans.

—Un punt de fricció en la lluita contra les causes de la malaltia és l’obesitat. Els genetistes han descobert una variant del gen FTO que regula la massa adiposa. Segons alguns investigadors, qui hereta aquesta variant per línia paterna i materna té el 67% de probabilitats de ser obès.

—Permeteu-me de deixar ben clara una cosa. Els gens no expliquen com hem arribat a aquesta epidèmia d’obesitat. Els nostres gens no han canviat aquests darrers trenta anys, però la taxa d’obesos als Estats Units en aquest període s’ha duplicat! El creixement, per tant, cal buscar-lo sobretot en factors socials: els aliments s’han abaratit i ara tenen una composició que no tenien abans; moltes ciutats es construeixen de manera que la gent a penes si hi pot transitar a peu. A això cal afegir-hi les xarxes socials que hem investigat. Si en un grup l’augment de pes es converteix en norma, llavors la resta també pensen que no passa res si s’engreixen.

—El nostre pes corporal depèn ara dels nostres amics i coneguts?

—La nostra conducta es basa en les nostres experiències i en les conductes i experiències dels nostres amics directes: això no és cap novetat. Però també es basa en la conducta de l’amic de l’amic de l’amic. La nostra conducta i la nostra tolerància les influeixen persones que no coneixem personalment, allunyades de tres graus en la xarxa social.

—Quin tipus de comportament influeixen aquestes xarxes?

—Hem descobert un seguit de coses, com ara l’engreixament, l’hàbit de fumar o la sensació de felicitat.

—Això vol dir que serem més feliços si ens fem amics de gent feliç?

—Sembla que sí.

—Sona a contagi social. Com funciona tot això?

—Les pautes de comportament i els sentiments de la gent són com un estol d’ocells. Els ocells no decideixen si volen de tort o volen dret. Més aviat l’estol mostra la capacitat de prendre decisions. En un estudi hem mostrat que grups sencers de gent canvien d’actitud respecte a l’hàbit de fumar i ho deixen tots al mateix temps, sense dir ni un mot.

—Resulta més eficaç de canviar l’entorn?

—Modificar l’entorn acaba afectant els gens. Abans pensàvem que fins i tot moltes generacions constituirien un període massa curt per a modificar els gens, que érem idèntics als nostres avantpassats de fa 100.000 anys. Però ja no ho crec. El millor exemple és la capacitat de processar la lactosa, fins i tot en edats avançades: a mesura que els éssers humans van començar a criar vaques, també van disposar-ne de la llet. Amb això, els homes que toleraven la lactosa van aconseguir un avantatge evolutiu. I, de fet, ara veiem que aquests 3.000 o 9.000 anys s’han produït diverses vegades les mutacions derivades: la capacitat hereditària de tolerar la lactosa s’ha estès perquè la cultura ha canviat.

—Però les espècies biològiques no s’adapten constantment a l’entorn?

—Naturalment, però fins ara crèiem que això passava en períodes de centenars de milers d’anys. Sembla, però, que l’evolució es desenvolupa molt més ràpidament, i que fins i tot per a modificacions severes del material genètic només calen uns quants segles. El gen de la mucoviscidosi té a veure amb la nostra capacitat de resistir segons quines malalties infeccioses. Amb la creació de les ciutats, hem creat un entorn en què les malalties es propaguen força bé. Ací trobem, de nou, com han predominat algunes variants del gen, perquè la cultura modifica el nostre material genètic.

—Per als éssers humans, això implica un avantatge o un inconvenient?

—No cal que ens llevem les ulleres tan sols perquè cada vegada hi veiem menys. Que la cultura canvia els nostres gens és, en primer lloc, només una observació, però que comporta riscos inquietants. Les circumstàncies socials podrien conduir a comunitats humanes genèticament afavorides. Posem per cas que la vida a les ciutats fora particularment beneficiosa intel·lectualment i fera els ciutadans més intel·ligents. Si això fora veritat, llavors en unes poques generacions apareixerien éssers humans que haurien integrat aquest avantatge de la vida a ciutat en els seus gens. Aquesta superioritat enfront dels habitants de les zones rurals seria un desenvolupament sorprenent i preocupant.

—Professor, gràcies per aquesta conversa.

Jörg Bleck (© Der Spiegel) Publicat a Els Temps 10 set 2008

Per què som ambiciosos

Què empeny les persones a perseguir l’èxit i ser ambiciosos? La genètica i la psicologia ofereixen les seues respostes i mostren com l’ambició i el poder afecten les nostres vides.

Un estudi realitzat als Estats Units mostra que els estudiants més dotats de perseverança, és a dir, de la capacitat d’esforçar-se fins a assolir un objectiu, tenen particularment activada una zona específica del cervell, anomenada àrea límbica, estretament lligada a l’elaboració de les emocions. Els investigadors han sotmès un grup d’estudiants a un qüestionari dissenyat per mesurar el nivell de determinació dels subjectes. Després han escanejat els cervells dels estudiants en acció i han vist justament que s’activava una àrea cerebral específica. La incògnita és si el que guia els comportaments ambiciosos són les diferències innates entre cervells o les que són generades de la complexa interacció de gens i ambient.

Yolanda Andreu, professora de Psicologia de la Universitat de València, explica que per a aquests comportaments hi ha dos tipus de motivacions en els humans: les d’assoliment i les de poder. Les primeres responen al desig de millorar, mentre que les de poder busquen impactar en el medi, sobre la resta de persones. Per a Andreu, posseir més motivacions d’aquesta mena no depèn exclusivament de l’ambient o de la predisposició genètica. No se sap exactament en quin percentatge influeixen cadascun dels factors, però tot fa pensar que actuen de manera semblant. “Hi ha una interacció contínua”, conclou.

L’ambició pot ser dividida en tres elements almenys: hi ha la capacitat de superar els obstacles i resistir la desil·lusió, la voluntat d’assolir un nivell socioeconòmic millor i un cert grau de confiança en un mateix.

Malgrat tot, aquesta confiança no és absolutament indispensable, com tampoc no ho és la intel·ligència. La intel·ligència pot ajudar a realitzar determinades ambicions, però no és un component essencial de l’ambició.

Cultura i societat. La nostra societat premia, o si més no reconeix, l’èxit i la capacitat d’arribar al cim, de vegades coste el que coste. Assenyala Yolanda Andreu que la cultura occidental valora més aquesta voluntat d’assoliment que no pas moltes cultures orientals, més abocades a l’interior de la persona. Un exemple es troba en la cultura protestant i la revolució industrial.

Per demostrar quant compta l’ambient social, ajuda una investigació feta a la Universitat de Nova York que ha estudiat el comportament dels hispans immigrats. Les 400 famílies estudiades provenien de petits pobles rurals de l’Àsia, Llatinoamèrica i el Carib, pobles on no hi ha res de semblant al clima competitiu novayorquès. Malgrat això, desembarcats als EUA, els immigrants han canviat radicalment el seu comportament: els nens van millor a l’escola que els seus companys nord-americans i també els adults lluiten amb una determinació del tot inèdita als països nadius. Fa un segle, per adquirir l’estatut de la classe mitjana dels Estats Units, els immigrats necessitaven dues o tres generacions. Ara en tenen prou amb una.

Perquè qui creix en una família benestant pot heretar eines útils, o un comportament d’indolència aristocràtica, mentre que uns orígens humils poden ser l’empenta per millorar o generar una sensació d’impotència inert. Segons els antropòlegs, la major part de les persones ambicioses pertanyen a la classe mitjana, a famílies que ja han assolit algun objectiu però que no estan segures de poder mantenir-lo: en aquest ambient es fa sentir d’una manera més forta el que alguns antropòlegs defineixen com a “ànsia d’estatus”.

El paper dels gens. Quant als orígens genètics de l’ambició, hi ha l’energia, l’empenta a l’èxit, en definitiva, el material en brut que ens serveix per definir els objectius. I també la capacitat de resistir el repte que representa el fet de gestionar bé les situacions d’estrès que arriben de l’entorn.

Des d’un punt de vista darwinià, l’ambició representa un paper precís en l’evolució, perquè contribueix a la supervivència del més fort, a la propagació dels gens més eficients. De fet, també entre els animals hi ha líders nats: entre els llops, els mascles alfa, els dominants, es reconeixen fins i tot quan són cadells per a la curiositat amb què exploren l’ambient i es baten pel menjar i l’atenció de la mare. I conserven aquests trets fins als deu o onze anys, quan moren i deixen al seu darrere una gran descendència, mentre que els gregaris es reprodueixen amb menys freqüència i normalment no arriben als quatre anys.

De la mateixa manera, a les famílies humanes hi ha vencedors i vençuts, i persones que semblen immunes, aparentment, al foc de l’ambició.

Frustracions i estrès. Els psicòlegs consideren que l’ambient ideal és aquell que posa objectius ambiciosos però realistes, que valora els èxits sense dramatitzar les derrotes. Les persones aprenen a esforçar-se per assolir un objectiu si es convencen que el seu esforç serà premiat. Per exemple, pot ser d’ajuda marcar-se unes metes no gaire difícils d’assolir, així s’agafa confiança en un mateix. Ara bé, què passa quan l’ambició, sovint sota l’empenta de les pressions socials, esdevé frustració?

El fracàs i la desil·lusió naixen quan l’ambició és desequilibrada quant a les possibilitats. Per això pot ser útil allargar la gamma de les opcions possibles, per evitar que els reptes de l’ambient esdevinguen paranys. De fet, qui corre els pitjors riscos és qui no s’acontenta.

També entre els llops i els ximpanzès els mascles dominants tenen problemes d’ansietat i pateixen úlceres i atacs al cor. Potser per això, ja siga entre els animals o entre els humans, hi ha molts individus que s’adapten amb serenitat a un paper secundari. Però també això és un problema. Els psicòlegs estan convençuts que el poder desgasta només qui no el té. Les víctimes de l’estrès no són tant els caps, que obtenen gratificacions dels mateixos esforços que els haurien d’estressar, sinó els subalterns que perpètuament depenen de les decisions i la voluntat d’altres.

La feina té una relació directa amb la salut, segons les conclusions del XXVIII Congrés Mundial de Medicina del Treball, celebrat fa uns mesos a Milà. Els especialistes que s’hi van aplegar verificaren un augment de les patologies cròniques d’estrès relacionades amb l’actual sistema socioeconòmic. És com si la manca de control sobre la pròpia vida es traduïra en una alteració dels sistemes d’autoregulació de l’organisme. L’ambició pot perjudicar la salut?

Publicat a El Temps 3 octubre 2006

Pencer Wells. Genetista. Genographic project

La Contra. La Vanguardia – 01/06/2007

Tengo 38 años. Nací en Atlanta y vivo viajando. Soy genetista. Estoy casado y tengo dos hijos, Margot (7) y Sacha (5). Soy centrista, libertario y agnóstico. Dirijo el Genographic Project: mediante análisis de ADN estoy precisando cómo nos expandimos por el planeta desde un antepasado que salió de África hace 55.000 años

– ¿Cuántas muestras de ADN ha analizado?

– Unas 250.000 de personas de todo el mundo, 25.000 de ellas de pueblos indígenas.

– ¿Con qué fin?

– Descifrar cuándo y por dónde nuestros ancestros se expandieron por el planeta.

– ¿Y ya lo sabe?

– Tengo claro el esbozo general. Para cuestiones de mayor detalle necesitaré otras 250.000 muestras de ADN.

– De lo que sabe, ¿qué es lo importante?

– Que todos somos africanos bajo la piel.

– ¿Yo soy africano?

– Hace 170.000 años vivió en África una mujer (la llamamos Eva mitocondrial) de la que desciende un hombre (lo llamamos Adán africano) que salió de África hace 60.000 años… y del que descendemos todos.

– ¿Todos?

– Todos descendemos de aquel africano.

– ¿Usted y yo somos hermanos?

– Usted, yo, un maorí, un pigmeo, un sueco, un masai, un esquimal, un sherpa, un bereber, un apache, un aimara… Somos una familia cuyo abuelo vivió hace 60.000 años en África, hace solamente dos mil generaciones.

– ¿Qué sabemos de nuestro abuelito?

– Que dos de sus hijos salieron de África hace unos 55.000 años…

– ¿Cuántos humanos vivían en África?

– Apenas dos mil individuos. ¡Estuvimos a punto de extinguirnos! La glaciación del norte de Europa provocó sequía en África, y ya no había caza para todos. Siguiendo la caza, un grupo de unas doscientas personas salió de África hacia Oriente Medio.

– ¿Con los dos hijos de nuestro abuelo?

– Cada uno se largó por un lado: uno caminó con su grupo siguiendo las costas arábiga, india, indonesia… hasta llegar a Australia.

– ¿Hay memoria arqueológica de este viaje?

– No. Sólo genética: la he hallado en individuos del sur de India. Unos 5.000 años después de salir de África, ¡estaban ya en Australia! Son hoy los aborígenes australianos.

– ¿Guardan memoria cultural de aquel viaje ancestral?

– Ya no. Y, como casi todos los pueblos indígenas, creen que surgieron de su tierra.

– Y el otro hermanito africano, ¿qué hizo?

– Si el primero siguió la costa – comiendo pescado y crustáceos-, este otro se estableció hace 45.000 años en Oriente Medio, y desde allí siguió caminando en pos de la caza.

– ¿Qué tipo de caza?

– Antílopes, bóvidos, renos, ciervos, mamuts… Y la caza se movía por donde había pastos. Y los había por toda Asia Central.

– ¿Por dónde, exactamente?

– En el actual Kazajstán: allí vivió hace 40.000 años un hombre al que llamamos Adán euroasiático, pues sus descendientes ¡poblaron Europa, Asia y luego América!

– ¿Siguiendo también la caza?

– Sí, porque los pastos se extendían desde Corea hasta Francia. Y así es como llegamos a China hace 35.000 años, a Europa hace 30.000 años, a Siberia hace 20.000 años…

– ¿Quién vivía en Europa cuando llegamos?

– Los neandertales, hombres de bosque, grandotes, pesados, fuertes. Se ocultaban a la espera de la pieza, con armas pesadas. Nosotros éramos ágiles, corríamos tras la pieza y la matábamos a cien metros con lanzas.

– ¿Extinguimos a los primos neandertales?

– Llegó una glaciación y el bosque se convirtió en tundra…, y nosotros nos adaptamos mejor. Es que ellos vivían en clanes pequeños y aislados, mientras que nosotros nos comunicábamos mejor entre nuestros grupos.

– Nuestra proverbial mente simbólica…

– Sí: nos dio ventaja, y sobrevivimos. Y hoy seguimos siendo una especie basada en la comunicación, la expansión, la incesante búsqueda de territorios de caza.

Lo malo es que ya los hemos hollado todos…

– ¿Cómo nos afectó la glaciación?

– Nos recluimos en las penínsulas Ibérica, Itálica y Balcánica. Cuando se suavizó, hace 10.000 años, fuimos subiendo: ibéricos, franceses, británicos e irlandeses descienden genéticamente de esos cazadores recolectores paleolíticos (grupo R1b, lo llamo) que sobrevivieron refugiados en la actual España.

– ¡Españoles todos, je, je…! ¿Y América?

– El estrecho de Bering fue un paso terrestre y, hace 13.000 años, algunos individuos del grupo de Siberia pasaron a América.

– ¿Fueron muchos?

– No. Todos los indios nativos americanos ¡descienden de sólo cinco individuos, de cinco supervivientes de aquel viaje!

– Suena a gran epopeya…

– Desfilaron por un corredor entre grandes hielos. Y llevaban ya perros domesticados.

– ¿Qué territorio del planeta fue el último que poblamos?

– Nueva Zelanda: ¡los maoríes llegaron allí hace sólo mil años! Provenían de islas del Pacífico, islas a las que habían llegado hace apenas 3.500 años desde el Sudeste Asiático.

– ¿Qué le gustaría más descubrir inesperadamente un día en una muestra de ADN?

– ¡Trazas de ADN neandertal! Eso revelaría que llegamos a cruzarnos con ellos y que hubo descendencia híbrida viable. Pero, por ahora, no hay evidencia de tal cosa.

– ¿Cómo éramos cuando salimos de África?

– Quizá como los bosquimanos que perviven hoy en Sudáfrica: su piel no es muy negra ni blanca, sus rasgos son entre europeos, asiáticos y negroides, ¡un germen de todo…!

– Y luego, durante 50.000 años, fuimos diversificándonos en muchas razas, ¿no?

– No hay razas: la adaptación al medio y la selección sexual han seleccionado durante generaciones diversos rasgos, tallas, colores de piel y pelo… ¡Bah, meras variaciones superficiales en los miembros de esta familia!

HERMANO

Envié a Estados Unidos mi muestra de ADN numerada en el kit que distribuye ´National Geographic´ para el proyecto científico internacional dirigido por Wells, Genographic Project (www.nationalgeographic.com/genographic). Analizan tu ADN, tanto el contenido en el cromosoma Y (lo hereda el varón de su padre, sin combinarse con el de la madre) como el ADN mitocondrial (en la mitocondria de las células, se hereda de la madre sin combinarse con el del padre). Leyendo su libro “Nuestros antepasados” (RBA), oyéndolo hablar en La Caixa y charlando con él aprendo mucho sobre nuestros ancestros… y los míos: “Tu ADN dice que desciendes de los que hace 10.000 años se replegaron en la península Ibérica: grupo R1b, como yo”. ¡¡Hermano!!