Francesc Figols· Una nova teoria de la evolució

Tengo 64 años. Estoy casado y tengo 3 hijos: Daniel, Miquel y Gerard. Soy un ingeniero industrial dedicado a la ciencia. En política me inclino por la izquierda, pero mi voto no es fijo. Creo que la divinidad es una semilla en el interior de cada ser humano y que hoy somos responsables de desarrollarla, y creo que la Tierra tiene alma

– Yo conocí la época sin tractores, cuando se salía de casa con la mula y con el amanecer.

¿Un ingeniero industrial atado a la tierra?

– De niño trabajaba con mi tío en las faenas del campo, de la tierra.

– ¿Y lo hacía con pasión?

– Sí, con pasión por conocerla. Mucho más tarde, a finales de los 70, descubrí la agricultura bilógico-dinámica de manos de ingenieros agrónomos franceses, alemanes y suecos.

– ¿Descubrió algo nuevo?

– Vi con asombro que habían recuperado las antiguas prácticas del estiércol y de la consideración de los ritmos lunares, pero a un nivel totalmente científico tras numerosos estudios de observación.

– Entiendo.

– Pero lo que más me interesó fue que el paradigma científico del que partían era distinto del oficial y estaba ligado a la corriente de naturalistas que arranca con Goethe, el genio literario y casi desconocido científico, y su ley de la polaridad.

– ¿De qué se trata?

– La dialéctica entre dos principios opuestos. Una ley universal que se aplica al conocimiento de los procesos de germinación, de crecimiento y de evolución. Ley que se manifiesta de múltiples maneras: luz y oscuridad; fuerzas cósmicas y fuerzas terrestres, macroevolución ascendente y microevolución adaptativa, cosmos y Gea.

– ¿Quiere decir esto que Gea está directamente relacionada con el cosmos?

– Varias décadas antes de que Lovelock nos hablara de su hipótesis Gaia, estos científicos ya consideraban al planeta como un ser vivo que evoluciona como un todo y trataban de sanarlo mediante prácticas agrícolas que también tienen en cuenta el cielo.

– ¿Y sobre estos cimientos ha escrito usted una nueva teoría de la evolución?

– Sí, pero el primer impulso para escribir sobre la teoría de la evolución me vino el día que a mi hijo de 9 años le hicieron comenzar una redacción con la frase: “El hombre antes era un mono que vivía sobre los árboles…”

– ¿No es así?

– Esa frase no describe un hecho, sino una deformación de una teoría. No es difícil detectar fallos importantes en la teoría neodarwinista dominante, muchos datos de la paleontología y la microbiología la contradicen. Datos que aprovechan los creacionistas que niegan la evolución.

– ¿Usted propone una tercera vía?

– No soy tan ingenuo como para dar una respuesta definitiva a los grandes enigmas de la ciencia como por qué leyes se rige la evolución o de dónde viene el hombre, pero sí creo necesario abrir vías de pensamiento.

– Adelante.

– En mi libro, Cosmos y Gea,parto del estudio de una serie de enigmas situados en la frontera entre la materia y la vida y llego a una nueva relación entre la física y la biología para encarar la pregunta fundamental: ¿Cuál es el origen de la vida?

– ¿Y?

– Expongo las investigaciones que buscan las leyes propias de lo viviente, que están íntimamente ligadas tanto a las fuerzas terrestres como a las que provienen del cosmos lejano. Y propongo nuevas hipótesis para los clásicos enigmas del origen de las especies, las extinciones catastróficas masivas y la aparición del Homo sapiens.

– ¿Aparición dice?

– Sí, aparición. Planteo que el hombre es la célula madre o el prototipo de toda la evolución terrestre, es decir: no evolucionamos a partir de ningún organismo especializado.

– ¿No venimos del mono, los vertebrados y los peces…?

– El hombre tiene su propio origen independiente, una trayectoria que todavía podemos ver reflejada en el desarrollo del embrión humano.

– ¿A qué se refiere?

– La embriología ha demostrado que los simios poseen características humanas esenciales, pero el feto humano no posee nada del mono ni de ningún otro animal conocido.

– ¿Dónde nos lleva esa observación?

– Bajo su aspecto actual, el hombre representa el mamífero primordial bípedo y con un gran cerebro, surgido de una forma primigenia que estaría en el origen de todos los animales vertebrados.

– ¿?

– Las constataciones embriológicas y anatómicas son bastante contundentes, pero los paleontólogos siempre han estado obsesionados en encontrar el mono-antepasado. La verdad es que todos los fósiles desenterrados muestran claramente lo que son: seres posthumanos, es decir, formas surgidas de un ascendente humano y comprometidas en un proceso natural de deshominización.

– ¿Debida a qué?

– Según Westenhöfer, a perturbaciones climáticas o grandes accidentes geológicos que obligaron a un cambio en la alimentación.

– Sorprendente.

– Podríamos plantearnos que el propósito recóndito de la evolución podría ser la emergencia y el desarrollo del hombre en la tierra. De manera que lo que vemos a nuestro alrededor como reinos mineral, vegetal y animal no serían nuestros antepasados sino el resto dejado en el camino por un ser arquetípico.

– Entonces, ¿ya hemos llegado?

– Tras una larga evolución histórica hemos llegado a ser conscientes de nosotros mismos y a situarnos con libertad para escoger: O permanecemos siendo y considerándonos como una simple criatura de la naturaleza, o recordamos nuestro verdadero origen y progresamos hacia un desarrollo ulterior.

IDEAS AUDACES

La hipótesis que plantea Fígols en ¿Cosmos y Gea, fundamentos de una nueva teoría de la evolución¿ (Kairós) sorprende. Primero hace un útil repaso a las teorías y hallazgos que nos aclaran o confunden en el camino hacia la explicación de dónde venimos. Pero algunas de sus conclusiones revolverán muchas tripas: “La historia de la especie humana no sería así el desarrollo desde la bacteria al hombre, sino el camino que, partiendo de un prototipo ideal, atraviesa todos los estadios de la evolución y llega hasta la presente forma humana”. El único medio que tenemos para interpretar la naturaleza, decía Karl Popper, son las ideas audaces y el pensamiento especulativo: “El que no esté dispuesto a exponer sus ideas al riesgo de la refutación no toma parte en el juego de la ciencia”.

Publicat a La Vanguardia 3 setembre 2007

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