Riqueza-escasez. Los comportamientos solidarios de los bonobos resultan más eficaces que los "competitivos" de sus vecinos chimpancés.

Esta es la escena observada en vivo por Jonas Eriksson, estudioso del comportamiento de los primates: un grupo de bonobos está comiendo, pero en un momento dado un macho del grupo empieza a comportarse agresivamente hacia una mujer con su pequeño. Entonces todas las mujeres del grupo se coligan contra el agresor y lo pegan durante una buena media hora. El y los demás machos huyen. El lugar es el parque nacional de Salonga en la cuenca central del río Congo.

Los bonobos (Pan paniscus) son un poco como los chimpancés (Pan Troglodytes), aunque también tienen un comportamiento muy distinto. Especialmente tienen una vida de grupo muy pacífica y relajada. Son famosos, entre otras cosas, por su simpática tendencia a resolver las tensiones y los conflictos interpersonales con prácticas eróticas homo y heterosexuales: caricias, besuqueos, estimulaciones recíprocas, acoplamientos (frontales). Todo ello dentro de una estructura social ampliamente centrada en las mujeres, precisamente. ¿Por que entonces una explosión tal de violencia contra el pequeño macho agresivo? Los estudiosos del comportamiento animal suelen buscar las explicaciones “materiales” o determinísticas. Por lo tanto una de las posibilidades podría ser la siguiente: las mujeres estaban emparentadas y en consecuencia compartían una parte del patrimonio genético; por lo tanto defendiendo a la madre y al pequeño protegían instintivamente su propio ADN, asegurando así su propagación. Este altruismo entre parientes tendría un fundamento genético. ¿Era realmente así? Los investigadores resolvieron la duda siguiendo pacientemente a los bonobos, clasificándolos uno a uno, recogiendo sus heces y enviándolas a Europa para ser analizadas; por medio de éstas se extrajo y se analizó el ADN a fin de comprobar el grado de parentesco de los diversos individuos. El ADN podría también haberse obtenido de la piel, saliva o sangre, pero en este caso habría sido necesario capturar a los animales, creando agitación y molestias y realizando prácticas invasoras. El resultado de los análisis demostró que las mujeres de los bonobos estaban muy poco emparentadas entre sí, por el contrario procedían de grupos distintos que en un determinado momento se abandonaban para constituir otro nuevo, con una fuerte solidaridad interna femenina. También en la vida cotidiana cooperan en la recogida de los alimentos, principalmente frutas, y en la división igualitaria en el interior; los machos esperan pacientemente su turno para comer.

Todo esto es muy distinto de lo que sucede entre los chimpancés en la otra orilla del río Congo: donde dominan las sociedades machistas y mucho más reñidas. Existen dos explicaciones al respecto: la primera tiene que ver con la relativa abundancia de comida, fácilmente visible en las tierras de los bonobos; si hay abundancia los grupos y los individuos tienen menos motivos de conflicto para hacerse con los recursos escasos. La segunda explicación también está relacionada con el dilema escasez-abundancia, en este caso de relaciones sexuales. Las mujeres de los chimpancés están disponibles para el acoplamiento sólo unos pocos días al mes y lo señalan al macho con una coloración particular del órgano sexual; durante estos pocos días, entonces, la competición entre machos para fecundar es intensa y dura y es en estas situaciones que se crean las jerarquías masculinas. Las mujeres de los bonobos por el contrario no tienen estas limitaciones y las relaciones sexuales tienen lugar siempre, aunque obviamente no sean siempre fecundas. Es de estos dos elementos que se deriva, según los estudiosos, el comportamiento particularmente pacífico y relajado de los bonobos: no hay ningún motivo para pelearse, ni por la comida ni por el sexo. Quienes sostienen que la competencia es la raíz de cualquier progreso no habrían resistido mucho tiempo allí.

De entre los primates, los chimpancés y los bonobos son los más próximos a los humanos, ya sea desde el punto de vista genético (el ADN coincide en un 98%) que del evolutivo: nuestras ramas se separaron hace unos seis millones de años. Las semejanzas son tan grandes que algunos estudiosos no ortodoxos incluso han propuesto que en vez de llamarlos Pan deberían clasificarse en el género Homo, como se hace con los H. neardentalensis o los H. erectus. Propuesta rechazada bien sea por motivos históricos, bien por mantener una fosa profunda entre nosotros, cumbre de la creación, y “los otros”. Pero quizás sea justo así, porqué quizás hayamos perdido muchas de las virtudes de nuestro primos bonobos y raramente practicamos sus cívicas virtudes solidarias y pacíficas. En compensación las hemos llevado hacia la vía de la extinción y así ya no habrá conflictos embarazosos.

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