El desenvolupament ….

En general, las necesidades humanas se satisfacen con bienes y servicios procedentes de tres fuentes. De la producción económica, distribuida a través del mercado o del estado (muebles, vehículos, lecciones recibidas en la escuela o atención médica en un hospital). Del intercambio no mercantil con otros seres humanos (crianza, afecto, cuidados, identidad, reconocimiento social). Y del medio ambiente natural (agua para beber, aire para respirar, petróleo para quemar). Cuando la primera de esas fuentes es escasa y las otras dos son abundantes, entonces el crecimiento económico contribuye mucho al bienestar, porque permite obtener más de lo que más falta, porque incrementa lo que escasea. Porque el desarrollo es precisamente expansión de la esfera económica a costa de las otras dos. El problema comienza cuando hay mucha producción económica pero las otras dos fuentes del bienestar humano se han vuelto escasas; que es lo que pasa hoy.

¿Hay un límite para el desarrollo económico? Es decir, ¿cuáles son las consecuencias de un crecimiento ilimitado, desmedido?


– Hay varios límites, no sólo uno. Hay, por una parte, el punto en que más desarrollo económico no comporta más bienestar, sino menos. El desarrollo tiene siempre costes sociales y ambientales: con él se gana poder adquisitivo pero se pierde calidad en los contactos humanos y se pierden funciones útiles de la naturaleza. Hay más dinero para pagar cuidadores de niños, de ancianos y de perros, consejeros personales, restaurantes y viajes en automóvil a bosques o playas lejanos; pero falta tiempo para disfrutar de los hijos o de una larga y lenta comida con los amigos y amigas (y el aire de la propia ciudad es un asco y las playas próximas una cloaca). Este intercambio es inevitable: para poder dedicar todo el tiempo a ganar más dinero hay que sacrificar los contactos humanos y destruir el medio ambiente. Llega un momento en que las pérdidas superan a los beneficios. Y entonces más crecimiento ya no produce mayor bienestar, sino al contrario. El desarrollo se convierte entonces en una condena. En muchas sociedades ricas, y seguramente también en la nuestra, ese umbral ya ha sido traspasado. El crecimiento es aún posible, pero ya hace años que no es realmente deseable. Lo que ocurre es que nadie sabe cómo parar la máquina sin dar paso al caos, pero está muy claro que esa máquina no nos lleva ya a ninguna parte. En el menos malo de los casos, supone un esfuerzo extenuante para permanecer en el mismo sitio.


Otro límite viene impuesto por la finitud del planeta. Por el hecho de que se agota el petróleo barato, de que la atmósfera ya no puede absorber más dióxido de carbono sin recalentarse en exceso o de que el ritmo de extinción de especies animales y vegetales supera el que se produjo cuando la desaparición de los dinosaurios. Más allá de la capacidad de carga de la Tierra, el crecimiento deja de ser posible y sólo apunta a un colapso económico y demográfico. Aún pasarán diez o quince años antes de que esos efectos sean visibles, pero seguramente se han traspasado ya los límites que los hacen inevitables. En este sentido, la era del desarrollo se ha acabado. Las propuestas interesantes y constructivas no se refieren ya al desarrollo sostenible o cosas así, sino a las diferentes versiones del postdesarrollo, a cómo se podría conseguir que la inevitable cuesta abajo sea más o menos ordenada y próspera.


Aún hay otro límite interno, socioeconómico. Algunos costes ambientales pueden repararse. Pero eso tiene un precio. Por ejemplo, en el País Valenciano la playa y el sol eran bienes libres, gratuitos. Ya no lo son. El muro de cemento en el litoral, el saqueo de los ríos y la construcción de puertos han hecho que la tierra erosionada ya no llegue a las playas y, por eso, hay que gastar dinero cada año para reconstruirlas mediante el transporte artificial de arena. Ni siquiera el sol es del todo gratis, porque el agujero de ozono obliga a gastar dinero en cremas protectoras. Hay miles de ejemplos similares. La parte del PIB que se dedica cada año a compensar costes es cada vez mayor, tan grande o más que la que permite incrementar la satisfacción. En el límite, no hay nada a ganar con el crecimiento: la rueda gira cada vez más deprisa para mantenerse en el mismo sitio (y eso si hay suerte).


El resumen, un crecimiento desmedido se vuelve contraproductivo. Primero se autocancela y luego se torna destructivo. Estamos más o menos en esa fase histórica, aunque todavía no se perciba a primera vista.

Ernest García, catedrático de sociología de la Universidad de Valencia,

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s